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Mamá, ¡me voy al castillo! … Digo, ¡al instituto!

De todos es sabido el esfuerzo económico que realizan la administración pública, fundaciones, empresas o ciudadanía para la recuperación de patrimonio histórico. Sin embargo, la recuperación de los monumentos no acaba una vez realizadas las obras, sino que hay que hacer un mantenimiento constante, idear la forma de mostrarlo a la población e incluso hallar nuevos usos.

En algunos casos, la envergadura de estos monumentos obliga a agudizar el ingenio para encontrar usos adecuados. Un caso paradigmático es el de la población de Cuéllar, situada en la provincia de Segovia y con una población cercana a los 10.000 habitantes. Este municipio cuenta con numerosos monumentos protegidos y, en muchos casos, restaurados para el disfrute de los visitantes. Parece lógico, dado que se trata de una villa medieval y declarado conjunto histórico. Con todo, destaca también por los nuevos usos que han otorgado a los monumentos una vez restaurados: entre ellos podemos encontrar zonas de iglesias convertidas en peluquerías, palacios reutilizados como centro empresarial o, concretamente, el magnífico castillo de los Duques de Alburquerque habilitado para albergar el Instituto de Enseñanza Secundaria.



Desde nuestro punto de vista, esta reutilización no sólo es imaginativa, sino también audaz, ya que, por un lado, se consigue un mantenimiento continuo de un BIC y, por otro, se conciencia a los adolescentes de la necesidad de conservar nuestro patrimonio y de su importancia.



Esta estrategia, apoyada con visitas guiadas para turistas y el uso de las nuevas tecnologías para mostrar el patrimonio a los turistas convierten Cuéllar en una población pionera en la reutilización del patrimonio histórico.



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